El piso vasco del siglo XXI

Tras la burbuja inmobiliaria, Euskadi cambia el chip urbanístico. Mayores de 65 años y treintañeros quieren viviendas distintas de la era del "baby boom"; casa más céntrica, con transporte e Internet. Euskadi ha entrado en una fase de reformas urbanísticas, a su vez impulsadas por los cambios demográficos; una etapa marcada por la revisión de las directrices de ordenación territorial (DOI). Según el INE, el colectivo de treintañeros sumará 207.000 individuos en 2023, casi 170.000 menos que en 2013. A diferencia de sus padres, esta generación de vascos solos o en pareja, con hijos o sin ellos, aspira a la comodidad del centro (buen transporte, servicios, sanidad, ocio). Es un deseo expresado también por los abuelos que necesitan un piso adaptado. Ese grupo, mayores de 65 solos, crece sin parar y en 2015 se acercaba a 100.000 personas; las tres cuartas partes, mujeres. Los expertos admiten que en los vascos todavía prevalece el esquema de dos o tres dormitorios, dos baños (antes uno era aseo), cocina completa y en general, clara diferenciación entre las estancias de día y noche. Hoy los garajes han de tener buena salida y acceso directo desde la vivienda. Los espacios comunes deben ser accesibles y requerir un mantenimiento mínimo. Han vuelto los sistemas de calefacción centralizada, con control individual de consumo. Se planifican servicios colectivos como gimnasios, guarderías... Uno de los modelos que están incidiendo en las nuevas promociones y en la rehabilitación de las casas antiguas, lo constituyen los 'singles', colectivo cada vez más influyente social y económicamente. En el País Vasco pasaron de 147.118 individuos en 2002 a 234.936 en 2014, lo que supone un aumento del 60%. Ello plantea obligaciones diferentes a las administraciones y retos todavía por identificar en el mercado inmobiliario; pero los más urgentes están llegando por el aumento de los jubilados que viven por su cuenta. Las mujeres solas mayores de 65 pasaron de 50.973 en 2002 a 73.900 en 2015, y los varones de ese perfil, de 13.473 a 24.800. En conjunto, ambos colectivos han dado un salto de 64.446 individuos a 95.700 (un 50% más). Los pisos deberán acomodarse a ese escenario, ajustando metros cuadrados y eliminando obstáculos a la movilidad de los discapacitados, cuya pesadilla son los portales con escaleras hasta el ascensor de la entreplanta. La respuesta son los elevadores a cota cero con puertas más anchas para sillas de ruedas (dentro de las casas, también); sin olvidar platos de ducha en los baños, aunque sea obligatoria la bañera. La conexión a Internet será básica también aquí, porque parte de la atención sociosanitaria tiende a canalizarse por esa vía. Todo ello afectará, igual que el teletrabajo, a la fisonomía de las casas, que han recorrido un largo camino desde que los pasillos y los recibidores empezaron menguar a finales del siglo pasado, al igual que la familia numerosa. Es un cambio social que no se detiene. En Euskadi, los hogares de cinco individuos o más cayeron casi a la mitad entre 2002 y 2014 (de 66.311 a 35.005). El matrimonio con muchos hijos va camino de convertirse en una antigualla, como las grandes viviendas de los ensanches urbanos del siglo XIX. A esos barrios hoy en transformación, a esas casas antiguas remozadas y a los solares industriales que se vuelven céntricos es adonde desean regresar los treintañeros que se criaron en las afueras.

Nuevo tipo de edificio

Se buscan materiales de construcción más duraderos que requieren un mantenimiento más barato y son ecológicamente sostenibles. La eficiencia energética manda. Las fachadas ventiladas, más vistosas, protegen de la lluvia y no se sobrecalientan en verano, lo que redunda en duración, mejor aislamiento, confort y menos factura de calefacción.

Resumen de noticia extraída del periódico el CORREO

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